Obama, juró en un día historico para los EE.UU.


Ante más de un millón de personas que lo escuchaban en las calles de Washington DC y otros muchos millones alrededor del mundo, el flamante presidente de EE.UU. llamó a “reconstruir América” para dejar atrás los “fracasos” de su predecesor.

Ante más de un millón de personas que lo escuchaban en las calles de Washington DC y otros muchos millones alrededor del mundo, Obama juró como el 44 presidente de los Estados Unidos y puso en marcha un proceso de cambio inédito en la historia de este país.
Gente de todo Estados Unidos, sobre todo negros, llenaban el National Mall de Washington para participar de la asunción de Obama en las escalinatas del Congreso. La multitud había tomado centenares de cuadras, muchos de los visitantes caminaban por la superficie helada de la pileta central que nace bajo el monumento a Lincoln. En las principales ciudades de Estados Unidos, miles de personas se agruparon alrededor de pantallas gigantes para seguir las celebraciones, que arrancaron a la mañana y seguían hasta la noche. En las calles de Nueva York, frente a las pantallas instaladas en Harlem, en el patio central de la universidad de Columbia, bajo los carteles de Times Square o frente a una tienda de televisores en Brooklyn, la imagen de gente mayor, en su mayoría negros, llorando frente a la figura de Obama, fue una de las más repetidas.
Si lo de ayer tuvo su sobredosis de teatralidad, su momento más dramático fue apenas pasado el mediodía, cuando Obama juró como presidente, poniendo fin a ocho años de gobierno de George W. Bush y arrancando lo que parece ser un cambio de rumbo central en los Estados Unidos. El discurso inaugural frente a millones de personas y la totalidad del poder político, militar y económico de los Estados Unidos fue el primer testimonio en ese sentido. Afortunadamente, Obama evitó las referencias históricas explícitas (sólo citó a George Washington, sin mencionarlo por su nombre) y tuvo al menos dos características que lo diferenciaron de todos sus predecesores. Contra el tono celebratorio usual, pintó un panorama desolador de la situación económica y social de los Estados Unidos; y contra la reafirmación de las continuidades extremas, dedicó varios párrafos para criticar a su predecesor y reafirmar su propia asunción como un punto de ruptura importante.